ENGLISH version here: ‘04 - How’s your health? And mental health?’

En este tsunami de noticias bélicas impactantes, calor y ritmo asfixiante, nuestro niño interior puede tener cosas útiles que decirnos.

(artículo largo ~15 min de lectura)

Crisis climática, guerras y virus, abofetean nuestra mente hasta la extenuación, sin apenas dejarnos actuar y lo que es peor, sin apenas darnos tiempo para aburrirnos y ni para pensar. Nuestras capacidades se pueden ver mermadas y afectadas, nuestras relaciones sociales se ven cada vez más expuestas y atadas al mundo digital, y nuestra fuerza laboral se somete a niveles de alta exigencia, entrando muchas veces en niveles de riesgo. Todo esto puede generar una especie de ‘tormenta perfecta’ en la que nuestra salud mental puede salir malparada. El mejor ejemplo un dato: según el portal estadístico europeo Eurostat, el 7,2% de la población europea padece depresión crónica.

El famoso empresario inglés Richard Branson, en varios de sus libros, ante todo el caos que genera gestionar una empresa, alude a disfrutar y divertirse en el camino, tener sueños y tratar de domar tus miedos. Es evidente que sólo hay unos pocos así en el mundo, y que las condiciones de cada uno son muy distintas, y que la mayoría no podemos divertirnos como Richard Branson y cruzar el Atlántico en globo batiendo algunos récords mundiales con este medio de transporte. Pero sí creo que se puede disfrutar cada uno a su modo y en su contexto de ciertas cosas, y que esto puede venir muy bien para contrarrestar ciertos agravios del día a día. Al hilo de lo sucedido recientemente con la primera ministra de Finlandia.

Como apunte clarificador, quiero permanecer lejos del positivismo de ‘si quieres, puedes’, ya que este puede destrozar algunas cabezas, es simplista y una casi mentira, lo cual no quita que debamos evaluar opciones y alternativas, intentar cosas y esforzarnos en conseguir aquellas que veamos convenientes.

Desde la psicología, este concepto de hacer las cosas con un disfrute implícito, se aborda desde una perspectiva 100% científica. Uno de los paradigmas, es el famoso concepto del ‘niño interior’.

El psicólogo clínico y forense Stephen A. Diamond, con más de 20 años de trabajo en la bahía de San Francisco y desde 1999 trabajando como psicoterapeuta en Los Ángeles en el área de Beverly Hills, escribe:

Para empezar, el niño interior es real. No literalmente. Ni físicamente. Pero figurativamente, metafóricamente real. Es, como los complejos en general, una realidad psicológica o fenomenológica, y extraordinariamente poderosa. De hecho, la mayoría de los trastornos mentales y los patrones de comportamiento destructivo están, como sugirió Freud por primera vez, más o menos relacionados con esta parte inconsciente de nosotros mismos. Todos fuimos niños alguna vez, y todavía tenemos ese niño dentro de nosotros. Pero la mayoría de los adultos no son conscientes de esto. Y esta falta de relación consciente con nuestro propio niño interior es precisamente de donde surgen tantas dificultades de comportamiento, emocionales y de relación.

Él en sus terapias, aboga por aprender a relacionarse con el niño interior, tal y como un buen padre/madre se relacionaría con su hijo/a. Esa voz interior es importantísima, a veces más adulta, a veces más infantil. Es una de las cosas iniciales a tratar en terapia, tal y como cuenta la psiquiatra Marian Rojas en una de sus charlas.

Esto, en los estudios científicos, se traduce en entender el sentido de crianza que cada uno ha recibido, para así detectar mucho mejor los posibles problemas, y utilizar tan pronto como sea posible y tan bien como uno pueda, las herramientas autorregulatorias para no caer en posibles problemas de salud mental. Los estilos de crianza, según la teoría del apego iniciada por el psicoanalista inglés John Bowlby, y muy desarrollada y a la orden del día actualmente, contempla tres estilos de crianza: seguro, inseguro y desorganizado. Y mediante experimentos científicos que comenzaron con los niños huérfanos de guerra tras la segunda guerra mundial, se ha demostrado que una crianza insegura o desorganizada, desemboca en una probabilidad mucho mayor de sufrir problemas de salud en la etapa adulta.

La @psicologajaputa, publica el meme en Instagram:

Están un padre y un hijo sentados en un banco de un parque, y el hijo le solloza al padre:
-Papá, ¿vas a ir a terapia?
Y el padre, le responde, abrazándole: ‘No hijo, ya irás tú’

El psiquiatra y psicoterapeuta Diego Figuera resalta en una de sus charlas que en todas las culturas en las que se han hecho estudios de apego con base científica, se sabe que entre el 60-70% tienen una crianza definida como ‘segura’. Esa crianza segura, protege contra la necesidad, el estrés, e incluso atenúa parte de los rasgos que podemos heredar genéticamente para padecer una enfermedad mental. Esto supone una autonomía y capacidad de autorregulación que nos protegerá contra la adversidad y se podrá decir que son cualidades de las personas resistentes. Sin embargo, si estamos en el 30% de personas con crianza de apegos inseguros, en los que se enseña de manera inadecuada las maneras de funcionar fuera del núcleo familiar, se tendrá una vulnerabilidad añadida para poder sufrir algún tipo de trastorno de salud mental. Esto se transmite de generación en generación, y no está tan claro que todo sea biológico si no también psicológico, y ambos factores hereditarios se mezclan entre sí sin tener una separación clara como se creía. Esto lo estudió y demostró Eric Kandel, Premio Nobel de Medicina del año 2000, junto a Arvid Carlsson y Paul Greengard.

Todo ello es de una complejidad que apenas puede ser abordada en un artículo escrito, ya que lo ideal sería que cada persona con problemas en la edad adulta, expusiese su crianza y su ambiente de vida con un profesional de la psicología y/o psiquiatría, por lo que esta vía textual termina aquí.

En este punto, quiero seguir por la idea del niño interior. Pero empezaré por el final, un final en el que un niño por el motivo/motivos que séa/n, termina siendo un adulto depresivo.

Según el manual de referencia para la clasificación de trastornos mentales estadounidense DSM-5, el trastorno depresivo grave, se caracteriza por los siguientes criterios de diagnóstico (A, B y C):

A. Cinco (o más) de los siguientes síntomas han estado presentes durante el mismo período de 2 semanas y representan un cambio del funcionamiento anterior: al menos uno de los síntomas es (1) estado de ánimo deprimido o (2) pérdida de interés o placer. Nota: No incluir síntomas que sean claramente atribuibles a otra condición médica.

  1. Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días, según lo indicado por la propia manifestación personal subjetiva (p. ej., se siente triste, vacío, sin esperanza) u observación hecha por otros (p. ej., parece lloroso, apagado). (Nota: En niños y adolescentes, puede haber estado de ánimo irritable.)
  2. Interés o placer marcadamente disminuidos en todas, o casi todas las actividades diarias, casi todos los días (indicado por auto relato subjetivo o la observación).
  3. Pérdida de peso significativa sin hacer dieta, o aumento de peso (p. ej., un cambio de más del 5% del peso corporal en un mes), o disminución o aumento del apetito casi todos los días. (Nota: en los niños, considere no lograr el aumento de peso esperado).
  4. Insomnio o hipersomnia casi todos los días.
  5. Agitación o retraso psicomotor casi todos los días (observable por otros, no meras sensaciones subjetivas de inquietud o ralentización).
  6. Fatiga o pérdida de energía casi todos los días.
  7. Sentimientos de inutilidad o culpa excesiva o inapropiada (que puede ser delirante) casi todos los días (no simplemente auto-reproche o culpa por estar enfermo).
  8. Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi todos los días (ya sea según el relato subjetivo o según lo observado por otros).
  9. Pensamientos recurrentes de muerte (no solo miedo a morir), ideación suicida recurrente sin un plan específico, o un intento de suicidio o un plan específico para suicidarse.

B. Los síntomas causan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

C. El episodio no es atribuible a los efectos fisiológicos de una sustancia u otra condición médica.

Nos encontramos de nuevo en otro terreno farragoso e impropio de un artículo meramente divulgativo. La única intención, es la definición y exposición de lo que hoy día se conoce como depresión (diagnóstico de Trastorno Depresivo Grave según manual oficial). Término muy mencionado, pero poco conocido en profundidad. Resaltar la importancia de que la depresión propiamente dicha es una enfermedad mental grave, que en el peor de los casos puede acabar en suicidio, o en vidas poco o nada realizadas. Debe ser tratada con suma importancia y delicadeza, y alejarnos de conceptos del tipo ‘es que te tienes que animar’, ‘no te preocupes tanto’ o ‘no es para tanto’, ya que el cumplir con estos criterios de diagnóstico, son tan importantes como cualquier otra incapacidad, y tan complejos que solo los profesionales de la salud deben manejar a fondo.

Sin embargo, pretendo arrojar un poco de luz y un poco de esperanza, ya que hay muchas fases intermedias entre la salud y la enfermedad (ya sea depresión o cualquier otra patología como brote de ansiedad, trastorno de la personalidad como el narcisismo, alimenticio, delirante, etc.) y ciertas veces está en nosotros el dejarnos llevar por los estados y sucesos intermedios más negativos, o usar nuestras propias herramientas para mantenernos suficientemente distantes de la zona de riesgo que puede dar lugar a este tipo de enfermedades mentales.

Y es aquí donde, volviendo atrás en el tiempo de este adulto con posibilidad de estados o diagnóstico depresivo (o cualquier otra enfermedad mental de la que sea vulnerable), el niño vuelve a jugar. Este será el caso de un/a niño/a suficientemente educado/a. El caso de la mayoría de la población funcional (60-70% arriba mencionado), dejando los demás casos más complicados para el trato con profesionales de la salud. Este es un niño que en general vive en un adulto que vive bien, y es poco probable que un evento negativo vital le haga cambiar su vida de forma radical. Sin embargo, existen algunos problemas/traumas/eventos de su vida mal gestionados. Nada grave. No obstante, con una serie de condicionantes externos desfavorables, bien hechos aislados o suma de varios, como puede ser estrés permanente, efectos psicológicos atribuibles a toma de sustancias u otras condiciones médicas, una pérdida mayor en su vida (familiar querido, pareja, gran amigo/a, hijo/a, etc.) o un evento traumático (catástrofe natural, ruina económica, etc.), la persona puede llegar a romper (la Organización Mundial de la Salud nos advierte sobre esto claramente).

Y aquí por fin llega la parte positiva, la parte a aplicar antes de romper.

Como apunte previo más importante, recalcar que lo mejor a día de hoy ante una grieta personal en salud mental, es ponerse en manos de profesionales de la psicología y psiquiatría cuanto antes y aunque cueste. Es mucho mejor hacer unas sesiones y tomar unas pastillas unos meses antes de quebrarse mentalmente, que llegar a romper y tener que estabilizar y reconstruir de nuevo. Cada vez más, la salud mental va a girar por la vía preventiva porque está demostrado que en todos los campos (sanitario, social, financiero, etc.) es lo óptimo.

Lo positivo es que hay herramientas para atenuar, desconectar e incluso la posibilidad de detectar pequeñas grietas en ese limbo de grises intermedios de salud mental. Ese limbo de distancia, digamos, entre alguien estable, fuerte y ‘mentalmente funcional’ y una persona que comienza a mermar y adolecer de alguna falla en su salud mental.

Y una de ellas es el teatro.

Según la psicología de la atención, está ampliamente demostrado, que, a más factores de estrés, más se reduce la amplitud del foco atencional de una persona. Por ejemplo, hay estudios científicos con controladores aéreos, que, ante una situación de estrés agudo, son capaces de ver menos cantidad de cosas en una pantalla. Esto es 100% humano, ya que el estrés en cierto punto es positivo y adaptativo, pues ante una urgencia o evento de importancia, nuestro cuerpo reduce la sensibilidad de atención en ciertos sentidos, y la focaliza en ciertos otros. Sin embargo, está demostrado que una situación de estrés persistente, puede acabar causando mermas más o menos graves de salud. Hasta aquí nada nuevo.

Ahondando un poco más, una situación de estrés intermedio, merma también la capacidad de introspección de las personas. Del mismo modo que focalizamos nuestra atención en lo grave del asunto que nos estresa, reducimos nuestra auto conciencia de nuestro estado emocional. Reducimos nuestra capacidad de disfrute, reducimos nuestra imaginación, nuestra capacidad de atención a un niño, reducimos nuestra capacidad de escucha en general, y reducimos incluso nuestra emotividad o cariño que seríamos capaces de dar en un estado ‘normal’ a nuestros seres queridos.

Y aquí vuelve a entrar el teatro. En teatro se debe expresar. En teatro te dan un regalo y te debes sorprender (a no ser que estés interpretando a una persona mustia, lúgubre, taciturna). En teatro se juega y se vuela con un niño. En teatro se ama, se ríe, se llora y se rabia. En teatro te emocionas. Es una herramienta espectacular para reconectar con nuestro hemisferio más emocional. El teatro se utiliza en terapia ocupacional para reconectar a personas afectadas de salud mental grave. El teatro es ese aire fresco que entra en ese ‘bote de mermelada al vacío’ que tenemos cada uno en nuestra cabeza. Metafóricamente hablando, esa tapa más o menos apretada, se gira suavemente hasta poder despegarse, y esos primeros aires que entran, son puro alimento emocional para nuestra mente.

¿Por qué no utilizarlo más en el día a día como manera de conectar y de mantener nuestro cerebro ‘oxigenado’?

Y no estoy hablando de ir a sentarte en una butaca hora y media y ver quién sale y qué dice por ahí (que también). Más bien me refiero obviamente al teatro interpretado de cada uno, que te den un personaje y te digan: ‘apréndete estas frases y vamos a probar qué tal queda’. Sin miedos, sin complejos, como manera un poco de jugar.

Hegel dijo: “Para llegar a ser uno mismo, es preciso hacerse otro”.

El teatro, es una de las formas de juego de los adultos. Un juego muy educativo. Entenas memoria, movilidad, empatía, escucha activa, expresividad, etc. Yo mismo, actuando de camarero, puedo sintonizar con una manera de vida que me puede dar lecciones. Del mismo modo, una persona dedicada al mundo de la restauración actuando como ingeniero, puede reconocer unas emociones o experiencias que quizá tuviera más o menos desarrolladas y que pueden serle más o menos útiles. Pero lo que está claro, es que hacer de otras personas con problemas de otros tipos, te hace ver más claro como eres tú cuando haces de ti mismo, y esto puede ayudar a restar importancia a los problemas de tu día a día, y a reconocerlos mejor emocional y racionalmente. Y, además, te obliga a sacar ciertas emociones que quizá sin ello no sacarías habitualmente. Y esto renueva y airea con mucho frescor la cabeza.

Para los vergonzosos, resaltar que es un proceso muy gradual, nadie llega el primer día y empieza a leer y a interpretar textos complejos. Se empieza jugando con pequeñas dinámicas que poco a poco van tocando ese niño que cada uno tiene.

Y aquí entra una variante más concreta del teatro, el teatro de improvisación. Puedo decir que ambos me han reportado grandes placeres, risas y experiencias. Son sin duda el juego de los adultos (a los niveles de iniciación y de asistir a clases en los que yo me he manejado).

El teatro de improvisación, o más conocido como ‘impro’, es una actividad que me ha reportado muchísimas desconexiones de calidad en el último año. En impro creas personajes, espacios, historias, relaciones, problemas y soluciones. O al menos alguna de estas cosas. En impro inventas, representas, innovas, sorprendes, alegras, o das un giro de 360º a las historias.

Se da un título generado por una persona cualquiera, del estilo ‘Mañana he quedado con María’, y a partir de ahí, uno o más actores de improvisación empiezan a crear una historia en base a ese título. Una de las máximas de mi profesor de impro, Jorge López, es la triple A: “Aceptar, Adaptarnos y Avanzar”. De repente un compañero te puede convertir en un taxista, o en un ornitorrinco, o en un mueble. Y no puedes decir que no. Ahí comienza el juego.

Puedo asegurar que la impro y el teatro me han hecho dormir mejor, desconectando de los problemas del día a día, haciendo zoom out y recargando pilas para mantener unos niveles de trabajo y creatividad fuertes. Y siento que mi niño interior lo disfruta. Y mis afectos son mejores. En resumen, el teatro y la impro son buenos para mi vida de una manera contundente.

La OMS nos habla del Estigma y tabú:

El estigma (o lo que es lo mismo, el rechazo, etiqueta, mala fama y multitud de prejuicios negativos sobre salud mental), particularmente en torno a los trastornos mentales y el suicidio, significa que muchas personas que piensan en quitarse la vida o que han intentado suicidarse no buscan ayuda y, por lo tanto, no obtienen la ayuda que necesitan. La prevención del suicidio no se ha abordado adecuadamente debido a la falta de conciencia del suicidio como un problema importante de salud pública y al tabú en muchas sociedades para discutirlo abiertamente. Hasta la fecha, solo unos pocos países han incluido la prevención del suicidio entre sus prioridades de salud y solo 38 países informan tener una estrategia nacional de prevención del suicidio.

Es importante sensibilizar a la comunidad y acabar con el tabú para que los países avancen en la prevención del suicidio.

Calidad de los datos

A nivel mundial, la disponibilidad y la calidad de los datos sobre el suicidio y los intentos de suicidio son deficientes. Solo unos 80 Estados miembros tienen datos de registros vitales de buena calidad que se pueden utilizar directamente para estimar las tasas de suicidio. Este problema de la mala calidad de los datos de mortalidad no es exclusivo del suicidio, pero dada la sensibilidad del suicidio y la ilegalidad del comportamiento suicida en algunos países, es probable que el subregistro y la clasificación errónea sean mayores problemas para el suicidio que para la mayoría de las otras causas de muerte.

Es necesario mejorar la vigilancia y el seguimiento del suicidio y los intentos de suicidio para que las estrategias de prevención del suicidio sean eficaces. Las diferencias entre países en los patrones de suicidio y los cambios en las tasas, características y métodos de suicidio resaltan la necesidad de que cada país mejore la exhaustividad, la calidad y la puntualidad de sus datos relacionados con el suicidio. Esto incluye registros vitales de suicidio, registros hospitalarios de intentos de suicidio y encuestas representativas a nivel nacional que recopilan información sobre intentos de suicidio autoinformados.

Haz un voluntariado, de lo que sea

Y aquí, para terminar, toda esta vorágine de datos conocida ya hace unos años, pero en general digerida lentamente en el tiempo, me llevó a apuntarme a un voluntariado en salud mental. Hace 7 años fui entrenador de un equipo de fútbol sala de la liga de salud mental de Madrid (LigaSaMe). El resultado era secundario, lo importante era hacer algo de deporte, equipo, respirar, coordinar y de vez en cuando metíamos un gol. Desconectar para reconectar.

Para mí, septiembre significa el comienzo del curso, casi con más propósitos que el nuevo año. Y finales de septiembre y principios de octubre son también los periodos en los más casos de salud mental suceden.

El septiembre pasado, se trató de un taller de teatro para personas con enfermedad mental que se llama ‘Crearte’. En Crearte hemos jugado, hemos interpretado, hemos improvisado, cantado, bailado, reído, llorado, celebrado, en Crearte hemos creado. Lo que aprendía en teatro o impro me lo llevaba a Crearte. Y al final hicieron una representación en junio. Es una manera de sentir que se deja algo como legado de valor para el otro.

Sueña

Sueño con un futuro en el que un diagnóstico de esquizofrenia sea tomado con la misma importancia que una operación de menisco. Sueño con unos suicidios no consumados evitados a lo ‘Minority Report’, con su consiguiente recuperación, total arrepentimiento y reincorporación 100% efectiva a la vida funcional.

He perdido a gente cercana, colegas y amigos por suicidio.

Imaginad lo que hubiésemos perdido si Nash no hubiera podido sobrevivir al devenir de todos los problemas de su vida. Toda la Teoría de Juegos y otras capacidades matemáticas hoy en día extendidas, quizá no existirían. Y no solo de las personalidades importantes conocidas de prestigio. Imaginad que perdéis a una hija quinceañera por suicidio. Las tasas de suicidio de adolescentes han aumentado un 400% sobre niveles prepandemia.

Debemos planificar más. Sentir más. Parar. Desconectar. Bajar ritmo. Concienciar mucho y juzgar poco. Escuchar y adaptarnos.

Es fruto de debate profundo, pero parece compartido que sólo si conjugamos el saber humano que hemos ido acumulando a través de las humanidades, con el saber científico, podremos progresar de la mejor manera y así obtener lo mejor de nuestra especie. Y cuidemos más a nuestros niños y adolescentes. Son nuestro presente y nuestro futuro.

Parafraseando a Eleanor Roosevelt con su profunda afirmación ‘El futuro pertenece a aquellos que creen en la belleza de los sueños‘, se podría decir que los mejores sueños son los más mágicos, y la mejor magia, se atisba a alcanzar solo con la mejor unión entre humanidades, ciencia y tecnología.

19:50 29/08/2022